Madrugada
El hombre es feliz, o aparenta serlo, pues no hay nada que le indique lo contrario. Esboza una sonrisa a la par de otras sonrisas cercanas, nada parece arruinar un momento único, la paz conjunta que bloquea un caos individual. Aquel hombre disfruta de las voces externas, las palmadas amistosas, los besos en la mejilla, los gritos de euforia. "Que bueno es vivir" piensa, pero no dura para siempre. El problema empieza cuando cae la noche, la gente comienza a irse, y el hombre se queda solo. La mentira cae con el sol, el cielo oscuro representa una justa tristeza. El hombre se da cuenta que ya no puede sonreír, y empieza a buscar situaciones desesperadas que le hagan recuperar esa sensación de alivio. Nadie responde, porque mientras más pasan las horas, menos gente hay. Se escuchan las respiraciones leves de tus seres queridos, que sueñan con algo bonito, o tienen una pesadilla; de cualquier forma están lejos de ti. La llamada ansiedad toca la puerta, haciendo revivir momentos h...