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Mostrando las entradas de diciembre, 2024

Santiago.

Mientras los fuegos artificiales transforman un cielo despejado en una nube de pólvora, me encuentro en un círculo seguro. Los ruidos estruendosos no pueden lastimarme, y por primera vez en años, sonrío mientras el tiempo pasa. Esa sonrisa pícara que se distingue a las lágrimas de otros años, es producto de un cambio enorme. Si mi yo del año pasado me viera pensaría que perdí la cabeza, se tratan de dos personas distintas que convivieron en el mismo cuerpo, ahora distanciados por un corto periodo de tiempo que lo transformó todo. Ese fue Santiago, quien quiso morir un 25 de diciembre abrumado por la destrucción diaria de su mente. Esa noche, sufría de un dolor similar, pero aliviado por el consuelo del final, dejaba que pasen las horas mientras se ahogaba en alcohol simulando una nochebuena feliz. El Santiago que hoy escribe sueña con cosas que antes parecían imposibles, hoy solo lejanas y posibles. Pero aquella noche donde no existía futuro, el pasado viajó por mis ojos como un últim...

Tu cuerpo sobre el mío.

Los pasos apurados representan muy bien nuestro encuentro previo, cae la noche y no soportamos ni un segundo más sin intentar aquello que solo imaginamos. Tu vestido cae al suelo como una pluma, sin ningún peso. Mis manos recorren tu piel como un camino al cielo, mis labios bajan por tu estómago como un descenso al infierno, y siendo un ángel o un demonio, prefiero estar contigo a cualquier destino que dios o el diablo me propongan. Es nuestra cama un limbo del que no quiero salir, y no puedo aunque quiera porque estamos atrapados bajo sábanas de colores intensos, enredados como enredaderas cada noche para no perdernos en lo oscuro. Podríamos encender las luces para observarnos mejor, pero tu figura en la oscuridad es tan reconocible que no podría perderte. Eres un mapa que quiero trazar, un dibujo que quiero pintar, un conjunto de palabras indescriptibles que quiero dar sentido.  Tus pechos amortiguan mi caída lenta, mis brazos sostienen el paraíso de tus piernas, elevándote. Soy ...

En mil vidas te conocí.

Caminando por una playa en un día nublado, las probabilidades de encontrar a alguien son escasas. No debería estar aquí, a último momento desvié mi camino rutinario para seguir un destino escrito, porque cuando te vi, lejana caminando en dirección contraria a mí, entendí que debía encontrarte. Una fuerza externa me obligó a venir, quizá la misma que te guio hasta aquí. Tus cabellos dorados vuelan por el viento, te empujan hacia el otro lado pero continuas acercándote, casi distingo tu rostro y mi corazón palpita a gran velocidad. Es como si este encuentro casual, se hubiera repetido cientos de veces, como si ya te conociera y en otras vidas nuestro encuentro se situara en distintos lugares. En una calle transitada, en un bar por la noche, en un café por la mañana, en el lugar de trabajo o en nuestras vacaciones. Estando solos o tomados de la mano de alguien más, de cualquier forma nuestros ojos siempre se buscan, y encuentran una mirada que por mucho tiempo esperaban. Cruzamos caminos,...