Madrugada
El hombre es feliz, o aparenta serlo, pues no hay nada que le indique lo contrario. Esboza una sonrisa a la par de otras sonrisas cercanas, nada parece arruinar un momento único, la paz conjunta que bloquea un caos individual. Aquel hombre disfruta de las voces externas, las palmadas amistosas, los besos en la mejilla, los gritos de euforia. "Que bueno es vivir" piensa, pero no dura para siempre. El problema empieza cuando cae la noche, la gente comienza a irse, y el hombre se queda solo.
La mentira cae con el sol, el cielo oscuro representa una justa tristeza. El hombre se da cuenta que ya no puede sonreír, y empieza a buscar situaciones desesperadas que le hagan recuperar esa sensación de alivio. Nadie responde, porque mientras más pasan las horas, menos gente hay. Se escuchan las respiraciones leves de tus seres queridos, que sueñan con algo bonito, o tienen una pesadilla; de cualquier forma están lejos de ti. La llamada ansiedad toca la puerta, haciendo revivir momentos horribles, situaciones del pasado que te hacen odiar tu presente, situaciones de tu presente que te hacen no ver futuro; y situaciones del futuro que te hacen no querer vivir.
El hombre camina nervioso por los pasillos de su casa, su familia también duerme así que lo hace en silencio, mantiene mudo el grito que desea soltar para que lo escuche todo el barrio. Él sabe que solo debe resistir, sobrevivir a la noche para que por la mañana, alguien le diga que todo estará bien, que no importa lo que pase nunca estará solo, y siempre habrá otra oportunidad. Así el hombre esquiva los cuchillos, escupe las pastillas, ignora los puentes. Así pelea por una batalla perdida, con el único objetivo de perseguir un sueño, uno que no existe y se debe inventar como deseo de hada madrina.
De repente, empieza a sentir una molestia en sus ojos, piensa que es por la exigencia de ver la pantalla a oscuras, ya se irá cuando descanse. También siente un dolor en el pecho, un pequeño pinchazo que crece con el pasar de los minutos, "se irá si no me muevo" piensa. Se toca la cabeza y siente un pequeño infierno... será el cambio de temperatura. El hombre no entiende si esto que le pasa cada día, durante 365 días del año, es una maldición o una invención de su travieso pensamiento.
Después de haber intentado escapar durante horas, las lágrimas ya caen a la ropa. El hombre quisiera que alguien pase la mano por su cara y limpie la sangre transparente, porque aunque quiera no puede desangrarse. Necesita que alguien lo escuche, con su voz quebrada, retumbando la habitación con cada palabra. Necesita algo más que tiempo, porque este le sobra y no puede cambiarlo por una pizca de felicidad
El alma rota, el cuerpo roto, la esperanza se va, cae al suelo como un televisor desde un decimo piso.
Antes de quedarse dormido, el hombre piensa como la frase del inicio es una completa mentira, porque desde hace un tiempo desea morir. Su enfermedad le persigue como un demonio, su cuerpo no le responde tras el accidente, su cerebro olvida sus vivencias como una falla en el tiempo. Es un hombre sano a pesar de todo, pero por las madrugadas siente que se ahoga en sus propios males. Se siente enfermo, y quisiera estarlo, para que así todo sea más simple.
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