Erizo en invierno
Ella clavó sus espinas en mi corazón, pero aún así no quise soltarla. Me aferré cual erizo en invierno, no encontramos la comodidad entre nuestros cuerpos, entonces con miedo le pregunté si podía quedarse hasta que el frío pase. Ella sonrío y me dijo que lo pensaría, los días pasaban y mientras esperaba la resolución, soportaba el dolor de sus espinas. Claro que podría sobrevivir sin este amor, pero ya pasé por esto tantas veces. La rutina se repite como un bucle, enamorarse y entregarlo todo para volver al punto donde todo acaba. No quiero volver a intentarlo, pero si pierdo toda esperanza, me congelaré en una esquina de mi habitación, hecho una bola de lágrimas, un cubo de lamentos, una barra de ansiedad. Traté de alejarme un poquito, quizá si encuentro la distancia perfecta ella no quiera desaparecer de mi campo de visión. Puede que necesite una que otra caricia, o puede que esté bien mirándola a lo lejos; lo único seguro es que perderla dolerá mucho más. Pero, ¿Cuánto más se p...