Nuestra noche se acaba.
Las noches son vacías, doy vueltas en mi cama, intranquilo, estiro la mano y no puedo encontrarte. Tenerte conmigo fue la peor de las costumbres, ahora no puedo dormir sin el calor de tu cuerpo. Créeme, me congelo, aún en verano mi piel está fría porque necesita tu contacto. La lejanía de tus piernas hicieron de mis dedos simples pedazos de carne, y la ausencia de tu fuego hizo de mi corazón un cubo de hielo. No se si podré levantarme mañana, y de dormir no hablemos, ningún ángel me despierta, no existe ningún movimiento en esta cama vacía. Antes escribía con magia, sentía con euforia, te besaba con pasión; ahora que no estás mis movimientos son lentos, ya no siento cosquilleos, murieron las sonrisas espontaneas, mi cuerpo impulsivo desespera al abrazar el aire que alguna vez compartimos. Quizá sea lo último que quieras escuchar, pero yo ya no escucho desde que tus sonidos escaparon de mi habitación, aquellos quejidos nocturnos retumban en mis paredes, pero son meros fragmentos de un c...