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La araña en mi ventana

En abril sufrí un desmayo, no fue el primero pero si el más grave. Después de tediosos análisis y vida en el hospital, el doctor me dijo que no me quedaba mucho tiempo. Fue una noticia devastadora, pero por como venía llevando mi vida los últimos años; no me sorprendí. El cuerpo paga las consecuencias del alma rota, los vicios y distracciones solo sirven para retrasar lo inevitable. El horrible final, ¿Es acaso todo lo que queda? Al volver a casa, vi el deplorable estado en el que vivía. Polvo y telarañas por los muebles y paredes, las esquinas cubiertas por el refugio de arañas que me miran con sus múltiples ojos. Desde niño les temo, de hecho, mi mayor miedo siempre fue morir por la mordida de una araña. De solo pensarlo sentía el veneno corriendo por mis venas, como si eso fuera posible. Seguramente las arañas de mi casa son inofensivas y solo quieren sobrevivir, como todos. Aún así, dado mi nuevo y último diagnóstico, he decidido enfrentarlas, el miedo se fue porque de todas forma...

Una carta.

Querida -------: Todas las conversaciones inician con el dichoso "¿Cómo estás?" y suelo evitar la pregunta con una respuesta que no diga nada. Sin embargo, he estado pensando en cómo explicarte mi estado actual sin mentirte, porque no podría. Sé que nos cruzaremos en algún momento y no quisiera incomodarte con mi voz dañada, si tengo que emitir palabras que sea escribiendo, la forma más digna de expresarme. Pensé mucho en una idea, y para compartirla, debo contarte una pequeña anécdota. Cuándo era niño teníamos un perro, grande y alegre. Nunca te conté de él porque tiendo a olvidar las pequeñas cosas del pasado que definen lo que somos ahora. Me acordé de sus ladridos escuchando mis gritos de dolor en una habitación silenciosa, en sus ojos pude ver durante sus últimos meses de vida una tristeza profunda, y era muy chico para entenderlo.... Ahora sé que me miraba de esa forma porque temía que fuera la última vez, y es que, cuando vives con la amenaza del final logras apreciar ...

Un poema.

Si volteas por última vez Verás a un hombre Escritor inconsistente Soñador incansable Trágico pensador Torpe vividor Pero cuándo nuestras miradas se encuentran Recuerdo el libro que escribí El amor que sentí La vida que asumí, con dolor y angustia Quise escribir un poema feliz Uno que hable de tus ojos O de la luna que me cuida Pero ya no encuentro los días El sol se apagó Y todo lo que me queda Es una sonrisa en la noche que eventualmente termina

4: Agarponis herido.

Pobre agapornis herido, en su peor momento lo encontré. Tirado en el suelo esperando su final, su resistencia al cubrirlo me hizo pensar que no quería ser salvado, pero no tengo un corazón tan malvado como para dejarlo morir. Lo cuidé y sané sus heridas con poca experiencia y mucha voluntad, con el pasar de las semanas pareció mejorar fisicamente, pero su mirada cargaba un vacío que nadie podría llenar. Dicen que el agapornis es el pájaro del amor, y por el desastre solitario en donde lo encontré, puedo entender que no perdió algo, sino alguien. Camina despacio por la casa, no puede volar, pero mira por la ventana a otros pares que si. El ala rota no es su dolor más profundo, reconocería la tristeza en cualquier parte del mundo. Una lágrima cae por sus plumas cuándo dos pajaritos se paran en un cable de luz, se ven tan lindos juntos, sintiendo el calor que otros perdimos. Me parte el corazón, no me alejo de él para compensar al menos un poco esa soledad constante, y con el tiempo me d...

3: Mi extraordinaria, ordinaria vida

Los números que contamos para pagar las cuentas me preocupan, pero cuando pienso que no podremos salir de esta, me dices que cambie la perspectiva, porque esos números son insuficientes para calcular la cantidad de amor que nos tenemos. La ropa sucia acumulada en el cesto me genera estrés, sabiendo que no debo dejar esa tarea para después, entonces apareces cantando, tomando una prenda con gracia y encanto, las melodías volverán esta experiencia un musical en el que somos protagonistas. La cocina desordenada me empuja a la profunda frustración, abres la puerta y apareces con ingredientes y una idea tan maravillosa como peligrosa, pero tu confianza me convence, lavo los platos para usarlos inmediatamente, porque tu obra maestra debe tener una excelente presentación. Antes pensaba que la soledad era mi destino, me convencía de que los pensamientos negativos eran parte de mi naturaleza, los combatía con humor o alcohol. Esperaba un deceso tranquilo, quizá dormido viendo televisión en mi ...

2: Un gato entró a mi casa

Mirar por el balcón de mi casa en las noches es una actividad curiosa, el silencio invade la calle antes ruidosa, no hay gritos ni rastros de humanidad... todo lo que se escucha son los saltos sigilosos de los gatos andando por los tejados. Los veo por todos lados, como si se escondieran durante el día, esperando este momento para apropiarse de la ciudad. Hay de todos tamaños y colores, mantienen su agilidad nata, que les permite moverse de casa en casa. Algunos se detienen en la mía, asoman temerosos y salen corriendo cuando intento acercarme. Seguramente encuentren lugares mejores para quedarse, recompensas de más valor. Me acostumbré a esta dinámica de espectador en constante rechazo, aún trayendo comida para convidarles, no recibí respuesta, al menos hasta conocerla. Una gata sin nombre se acercó, desde lejos la vi, parecía querer mantener la elegancia en su andar a pesar de verse claramente débil. Se detuvo enfrente mío, una mirada fija cautivó mis ojos para siempre, como un amor...

1:Im always gonna love you.

En mi pequeña gran ciudad, el sol sale con normalidad, pero en una rutina tan marcada uno nota los pequeños cambios. Ni siquiera tuve que ver mi celular para darme cuenta de que ha llegado ese día del año en el que los recuerdos tocan la puerta, la melancolía de un pasado incompleto vuelve a mi realidad. Por la mañana, el viento pesado de nuestra tierra se siente más ligero, como si una fuerza externa lo volviera más compasivo. ¿Es tu voz acercándose? O una falsa alarma alterando mis sentidos. Camino por la ciudad buscando, o esperando, mis zapatos viejos resisten, mis trajes se mojan en días de lluvia, un recuerdo me mantiene de pie. A veces puedo reír, otras me tiento a llorar, duermo cuando sale el sol porque la noche te pertenece. Pintamos estas calles de rosa cuando llegaste, nos tomamos de la mano conscientes de que todo podía terminar, pero haciendo uso de una felicidad avasallante decidimos ignorarlo. La melancolía de mi alma rota nos volvió azules, y chocamos con un final tr...