Lo siento.
Estoy tan lejos que no distingo tu sonrisa, pero puede que escuche tu risa destacando sobre los sonidos urbanos. Desde aquí arriba puedo ver una figura, tu figura; mis ojos pelean con el viento para mantenerse abiertos y no perderte. Desde aquí veo las luces que te iluminan, mostrándote un camino mejor. Desde aquí escucho los perros que te ladran para mantenerte alerta, los ojos que te miran envidiando o admirando tu belleza. Quisiera ser parte de ese entorno, pero cualquiera de mis caprichos han recibido respuesta. Aunque sea por un momento quisiera que voltees y te acuerdes de mi, pero quizá no me reconozcas, pues los rostros cambian después de un buen golpe. El tiempo también pesa, y yo esperé por mucho tiempo un mensaje que nunca llegará. Entiendo así que ya nos olvidamos, solo que yo nunca lo hice, y aunque sea mi culpa, tu falta me hizo más daño del que debería. Si levanto la mirada veo el infinito. Un cielo despejado pierde su color a la par de mis derrumbes, una ciudad pequeña ...