Lo siento.

Estoy tan lejos que no distingo tu sonrisa, pero puede que escuche tu risa destacando sobre los sonidos urbanos. Desde aquí arriba puedo ver una figura, tu figura; mis ojos pelean con el viento para mantenerse abiertos y no perderte. Desde aquí veo las luces que te iluminan, mostrándote un camino mejor. Desde aquí escucho los perros que te ladran para mantenerte alerta, los ojos que te miran envidiando o admirando tu belleza. Quisiera ser parte de ese entorno, pero cualquiera de mis caprichos han recibido respuesta. Aunque sea por un momento quisiera que voltees y te acuerdes de mi, pero quizá no me reconozcas, pues los rostros cambian después de un buen golpe. El tiempo también pesa, y yo esperé por mucho tiempo un mensaje que nunca llegará. Entiendo así que ya nos olvidamos, solo que yo nunca lo hice, y aunque sea mi culpa, tu falta me hizo más daño del que debería.

Si levanto la mirada veo el infinito. Un cielo despejado pierde su color a la par de mis derrumbes, una ciudad pequeña pierde su color a la par de mis fracasos. Éramos azules como el agua en días tristes, morados como el abrigo con el que me cubriste, rojos como tus mejillas al sentir mi respiración fuerte, verdes como el lugar donde te dije que todo estaría bien. Ahora veo blanco y negro, como si me hubiera quedado atascado en el tiempo, para siempre en la misma película vieja, con los mismos planos y el mismo trágico final. Cansado ya, cierro los ojos esperando abrirlos cuando lo malo pase, como un deseo de niño esperando que el monstruo desaparezca. Hace tanto perdí la mayoría de colores y significados, te pediría que pintes algunos puntos para disimular, pero no tengo dinero para nuevas pinturas.

Siento pensar en tu rostro cuando estoy triste, es que fue tu sonrisa lo más cerca que estuve de la vida, fueron tus ojos mi vía de escape, tu compañía mi caricia diaria. Lo siento si aquel abrazo significó más para mi que para ti, es que desde entonces mi piel extraña el contacto. Si mis palabras fueron demasiado lo siento por abrumarte, si mi presencia fue insuficiente lo siento por no ser como él; si lo que entiendo por amar resulta ser distinto a lo que tu piensas, lo siento por amarte, lo siento por quererte, lo siento por estar presente cada uno de nuestros días. Lo siento por decir lo siento en vez de intentarlo, no sé reinventarme como una persona normal, resulta más cercano destruirse cuando te sientes solo... Y no veo nada más que un recuerdo de ti, personas lejanas con dramas o risas espontáneas.

Nuestros destinos fueron tan distintos que casi no distingo nuestra historia, fueron otros tiempos, y ya no serán más nuestros. El sol cae y era obvio, es inevitable que los días de verano se transformen en noches de invierno. Desde siempre tuve la piel sensible... los rayos nunca me quemaron, pero la ventisca me congela. Me siento en la cima del Everest sin la ropa adecuada, una fuerza color nieve me atrapa, no puedo moverme, pero no necesito hacerlo para...

El trágico relato de las palabras que no llegaron a tiempo, la canción triste que escucho antes de dormir, los extraños sonidos que escuchas antes de irme. Lo siento si esperabas algo mejor, lo siento si me esperabas. Quisiera volver a la cama, pero no puedo seguir caminando, porque ahora vuelo hacia el miedo, ahora respiro el aire que me esforcé en evitar. Si pudiera pedir un último deseo, sería escucharte en la caída... Cuéntame tu día, susurra una idea, dime algo más que adiós. Escucharé tu voz para terminar feliz un mal día que se siente eterno. 




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