Una carta.
Querida -------:
Todas las conversaciones inician con el dichoso "¿Cómo estás?" y suelo evitar la pregunta con una respuesta que no diga nada. Sin embargo, he estado pensando en cómo explicarte mi estado actual sin mentirte, porque no podría. Sé que nos cruzaremos en algún momento y no quisiera incomodarte con mi voz dañada, si tengo que emitir palabras que sea escribiendo, la forma más digna de expresarme. Pensé mucho en una idea, y para compartirla, debo contarte una pequeña anécdota.
Así como él no quisiera que nadie me vea, y al mismo tiempo quisiera una última caricia de cada persona amada. Es injusto decidir, no soy tan cruel con los demás como lo puedo ser conmigo mismo, por eso decido castigarme dos veces. Lo único peor a estar muriendo, es hacerlo solo. Quiero creer que mi perro se fue recordando alguno de nuestros mejores momentos, como cuándo saltaba la pared buscando alcanzar gatos que paseaban por el techo, o cuándo buscaba la botella que yo tiraba para destrozarla con sus dientes... La verdad es que pienso mucho en él porque no pude acompañarlo como debería; esa noche él murió solo, ni siquiera pude ver su cuerpo porque fui a la escuela por la mañana... y cuando volví solo encontré a mi madre angustiada sin saber como darme la mala noticia.
Lo que quiero decir es que me siento cómo mi perro de la infancia en sus últimos años, habiendo perdido energía y entusiasmo, feliz con las cosas que pude conseguir, pero con un dolor temporal que se siente permanente. Hace años, cuándo ni siquiera te conocía, estaba acostumbrado a esta trágica forma de ver la vida, convencido de que todo lo que nos queda es una triste espera. Sin embargo, ahora que conozco otras perspectivas, me permito recordar las sonrisas sinceras, los logros conseguidos, y todas esas pequeñas cosas que me mantienen vivo a pesar de sentirme cerca del final.
¿Debería rendirme? ¿O usar el tiempo a mi favor para esperar la siguiente bocanada de aire fresco?
No son preguntas que debas responder, en realidad son para mi, pero te escribo porque no quiero dejar estos pensamientos en mi cabeza, me permito soltarlos aunque ni siquiera vayas a leer esto. Te quiero tanto... son muchos recuerdos de nosotros tan valiosos como minutos de vida. Escucho tu voz para no ahogarme en la noche, y escribo historias inspiradas en nosotros para no volverme loco durante el día. Dejaré esta carta y cerraré los ojos, una parte de mi deseará no volver a abrirlos, y la otra mantendrá la esperanza de encontrar belleza similar a la vista tiempo atrás, en uno de esos días llenos de sol.
Te desea un gran mañana.
-Blu.
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