3: Mi extraordinaria, ordinaria vida

Los números que contamos para pagar las cuentas me preocupan, pero cuando pienso que no podremos salir de esta, me dices que cambie la perspectiva, porque esos números son insuficientes para calcular la cantidad de amor que nos tenemos. La ropa sucia acumulada en el cesto me genera estrés, sabiendo que no debo dejar esa tarea para después, entonces apareces cantando, tomando una prenda con gracia y encanto, las melodías volverán esta experiencia un musical en el que somos protagonistas. La cocina desordenada me empuja a la profunda frustración, abres la puerta y apareces con ingredientes y una idea tan maravillosa como peligrosa, pero tu confianza me convence, lavo los platos para usarlos inmediatamente, porque tu obra maestra debe tener una excelente presentación.

Antes pensaba que la soledad era mi destino, me convencía de que los pensamientos negativos eran parte de mi naturaleza, los combatía con humor o alcohol. Esperaba un deceso tranquilo, quizá dormido viendo televisión en mi casa heredada. Los únicos que me verían serían los fantasmas, que me dejaban en paz por lástima, o puede que me confundieran con uno de ellos. Estaba conforme por costumbre, desconocimiento, no existía nada más que una vida ordinaria, solitaria y repetitiva. Sin embargo, cuando te conocí me enseñaste una forma de ver la vida que cambiaría para siempre la rutina de los días, y es que en las cosas más simples se esconden las más bellas. ¿De que sirve pensar en como sería tu día perfecto si nunca llegará? Es mejor tomar las circunstancias imperfectas de una realidad confusa, para hacer de un día pesado, una experiencia inolvidable. Para mí, siendo una persona tan pesimista y pensativa, entender esto fue como resolver el problema matemático más difícil, una nueva visión que me mostraste con acciones a diario.

Me enamoré de ti profundamente, en las charlas experimentando comidas, en las aventuras eligiendo nuestros sabores favoritos de helado, yendo a buscarte al trabajo, asomándome por la ventana viéndote llegar de sorpresa. Pensaba que nuestra convivencia sería mágica, que todas esas cosas que tanto me deprimían, desaparecerían sin decir adiós. Me equivoqué, pues nada desapareció, solo se transformó. Seguimos llegando justos a fin de mes, celebrando algún gusto que podamos darnos, sigues llegando cansada, sigo frustrado por no hacer las cosas a tiempo, sin embargo, ya no reniego por ello, solo me uno a tu sonrisa, invento la propia y hasta a veces... la provoco con un chiste tonto que antes nunca hubiera podido inventar. Me acerco para hacerte cosquillas, te resistes, peleamos con mucho amor, por eso ambos ganamos. Corres por toda la casa tratando de ensuciarme con pintura, te levanto y giramos como el mundo que nos mira y no entiende como somos tan felices.

Solo vivimos una vez, no somos viajeros en el tiempo. Al final que sentido tiene golpearse la cabeza una y otra vez pensando en la solución de algo, si al día siguiente no tiene importancia. Se ha hecho un reseteo y tienes otra chance de disfrutar el tiempo que te queda. Desde que acepté esto vivo cada oportunidad como si fuera el final de mi extraordinaria, ordinaria vida. Y si pudiera hablarle a mi yo del pasado, le diría que se quede tranquilo, porque no existirá un futuro mejor que este.


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