En mil vidas te conocí.
Caminando por una playa en un día nublado, las probabilidades de encontrar a alguien son escasas. No debería estar aquí, a último momento desvié mi camino rutinario para seguir un destino escrito, porque cuando te vi, lejana caminando en dirección contraria a mí, entendí que debía encontrarte. Una fuerza externa me obligó a venir, quizá la misma que te guio hasta aquí. Tus cabellos dorados vuelan por el viento, te empujan hacia el otro lado pero continuas acercándote, casi distingo tu rostro y mi corazón palpita a gran velocidad. Es como si este encuentro casual, se hubiera repetido cientos de veces, como si ya te conociera y en otras vidas nuestro encuentro se situara en distintos lugares. En una calle transitada, en un bar por la noche, en un café por la mañana, en el lugar de trabajo o en nuestras vacaciones. Estando solos o tomados de la mano de alguien más, de cualquier forma nuestros ojos siempre se buscan, y encuentran una mirada que por mucho tiempo esperaban. Cruzamos caminos, volteamos a destiempo y por eso seguimos adelante, pero no llegué aquí para ver el paisaje, ahora sé que vine para verte. Quizá también lo sabes y por eso no te rindes, volvemos a encontrarnos en un local de comida cercano, finjo escribir en mi libreta para disimular, pero cada vez que reviso tu mesa me encuentro con tu mirada curiosa. Tus ojos verdes buscan mi marrón oscuro, pienso en nuestras otras vidas y tantos colores, tantos rasgos, tantos lugares diferentes; puede que hasta no hablemos el mismo idioma, puede que si nos viéramos lo primero que pase por nuestras mentes es indiferencia, pero luego, una conexión inmediata e inexplicable. Me dejaré llevar por una fuerza que no entiendo, por un sentimiento que apenas nace, por una casualidad que se vuelve destino.
Seguimos coincidiendo, en la calle, en el bus que nos lleva a casa, es inevitable llegar a la conversación más incomoda, que para mi sorpresa se torna natural. Me preguntas si nos conocemos, yo te digo la verdad. "No te he visto en esta vida", ella sonríe como si me entendiera, hablamos como si hubiera sido nuestro plan desde el principio. En nuestra primera cita pensamos en el futuro, rozamos nuestros dedos como si tuviéramos los anillos puestos, complementamos nuestras respuestas como si hubiéramos discutido y arreglado tantas veces. Es enérgica, ocurrente, vivaz; yo parezco un muerto a su lado por tanto silencio, pero en el baile de las palabras su agresividad se complementa con mi pasividad y encontramos el ritmo perfecto. Como decirte que no, si tus bromas me sacan sonrisas y mi calma te hace sentir segura. Caminamos hasta tu casa, recibo el vaso de tu mano y la conversación continúa. ¿Por qué hablamos del futuro si acabamos de iniciar nuestro presente? ¿Por qué hablamos de casamientos, de hijos, de convivencia; porque adelantamos procesos como si los hubiéramos vivido antes? Es una sensación extraña, que me hace sentir raramente bien, confortable con una situación atípica. Antes de irme, escribes tu número en mi mano y pides que te llame. Salgo de tu casa y volteo, saludas con la mano y sonríes, no necesito nada más para convencerme de que hacer algo distinto el día de hoy valió la pena. Claro que debía llegar aquí, lo dijo un simulador de destinos, de amores perfectos, y entre tantas probabilidades decidimos encontrarnos
Marco tu numero y dices, "¿Por qué tardaste tanto?", te respondo que acabo de llegar. ¿Podemos volver a vernos? Quisiera construir un castillo con nuestro nombre, pero mientras esperamos sigamos tejiendo poco a poco el hilo que nos une. Si en mil vidas te conocí, que esta sea la de mejor desenlace. No quiero perder esta oportunidad como tantos yo idiotas, porque tiendo a sabotear mi propio éxito por miedo. Tu voz me da seguridad, quiero escuchar tus te amo, tus te quiero, tus palabras inventadas que describan de una forma concreta todo el cariño que nos tenemos. Extraño tus caricias aunque no las haya sentido, admiro los logros que todavía se esconden en el baúl de tu habitación, ansío desearte un feliz cumpleaños cuando pasen los años y seguir aquí aunque el tiempo me diga que es hora de volver a casa. Volveré a ti, porque tu eres mi casa, el lugar seguro al que volví mil veces, aquel que supo encontrarme en el laberinto de vidas perdidas.
Comentarios
Publicar un comentario