Mr. Blue.
Él los quiere, los extraña, sueña todos los días con tenerlos frente a frente, ese abrazo queda como deuda y por siempre le pesa. Él sigue pensando en ella, y aunque sabe que no puede recuperar nada de lo sentido, sigue pensando que hubiera sido de ellos si él fuera alguien diferente. El hombre azul se siente débil, llora por las noches, soporta un dolor que no puede describir, cierra los ojos, pone sus manos en el pecho y dice:
-Duele, sigue doliendo, ¿Por qué no deja nunca de doler? Quiero transformar este dolor en tiempo y darle una hora a cada uno de ustedes, a las personas que luchan por quedarse aquí, en el mundo que aceptan, con las personas que aman, con los pequeños y grandes sueños que quieren cumplir. Si esta hora les sirve aunque sea un poco, si conseguí transformar alguna de sus noches tormentosas, en noches tormentosas pero acompañadas, entonces mi presencia está justificada. Aún así las horas pasan y el dolor no se va, pasan los días y el dolor crece, pasan los años y...
El hombre azul se tira al suelo y sigue llorando, ahí es cuando entiendo que se equivoca, no es un hombre débil, su fortaleza es tanta que ni una vida de dolor ha logrado derribarlo. Pero como él dice, pasan las horas y poco podemos hacer. Quiero sostener su cuerpo, pero mis manos espectrales no pueden tocarlo, no puedo ayudarlo como él lo hizo conmigo, quisiera que levante la mirada para que vea todo lo bueno que está ignorando. Me quedo allí sentado, escuchando sus quejas, sus lamentos, lo escucho con la mínima esperanza de que por esta noche comparta ese sufrimiento, quiero recibir algunos de los golpes que lo lastiman, de los pensamientos que atormentan su cabeza; quiero compartir su vida por unos minutos para regalarle unos minutos de paz. Su intención es noble, pero su ejecución imposible... no podemos ayudar a personas que no quieren ser ayudadas, y tampoco podemos entregar nuestra energía cuando ni siquiera tenemos la suficiente para levantarnos de la cama. Claro que el hombre azul es terco, morirá con sus ideas porque siente que es lo único que le queda. No es capaz de vivir por si mismo, pero no se rinde, quiere vivir, quiere ser útil, quiere aportar algo al mundo que tanto daño le ha hecho... quiere hacerlo porque encontró personas increíbles, porque ama a las personas, capaces de lo mejor y lo peor. Para él, vale la pena el intento, y si pudiera repetir sus decepciones lo haría con tal de seguir encontrando momentos únicos, vínculos humanos. Para él, la belleza de un sentido hace de este tiempo algo invaluable.
Poco a poco, el hombre azul se levanta. La noche se hizo día, hemos visto este proceso tantas veces, nada ha cambiado, pero... ¿Y si hoy... es un día diferente?. Nunca lo he visto ser feliz, solo destellos de alegría en una persona triste por naturaleza, pero todavía hay tiempo. Las cartas están en la mesa, los dados señalan un número fijo, la carrera está por terminar, hemos quedado fuera del podio y seguimos aquí, entonces, ¿Qué más da? Si por un instante nuestras oportunidades se multiplican, es hora de tomarlas. Sé que no somos suficiente, pero juro que usaré cada maldito segundo para intentar convencerte de una idea distinta. Ese dolor que cargas, en el cuerpo, en el alma; en el pasado, presente y futuro, seguirá allí cuando esta reflexión acabe. Sin embargo, no te rendirás, seguirás respirando hasta que frenemos juntos el avance tortuoso de un destino cruel.
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