Personas rotas
No puedes salvarme, no pierdas tu tiempo aquí. Todo empezó en un lugar que no puedes ver, que yo no puedo recordar, en una casa lejana, vieja y destruida por el paso del tiempo. Quieres que desaparezca la marca de los golpes con el cariño de tus abrazos; parece difícil, tu dulce voz no silencia los gritos que reclaman mi existencia como un castigo. Son los fantasmas del pasado que me buscan a diario, quieren recordarme que les pertenezco. Pelear contra ellos es soltar puños al aire, empujar paredes resistentes, tratar de derribar puertas antiguas con tu fuerza humana. Tareas imposibles o absurdas, no te recomiendo quedarte porque alguna tragedia convertirá lo poco que ves en escombros, y no querrás estar allí para recoger los restos, para rescatar el cuerpo vencido de un hombre caído; o en el peor de los casos, para sufrir un destino similar. No quiero lastimarte, pero es una característica común lastimar a las personas que más quieres cuando estás completamente destruido. Y es que, si no puedo cuidarme a mi mismo, ¿Cómo te cuidaría?
Las personas rotas no son un juego, están destruidas desde adentro, a veces visiblemente por fuera. No están muertos, pero sienten algo peor que el no despertar... es el no querer hacerlo. Resisten con un escudo espartano a una horda de males, pero están solos y rodeados. Caen a un vacío sin alas de seguridad, sin red abajo, sin la mano desesperada agarrándolos en el último momento. Sienten que el tiempo se les acaba y su edad dice lo contrario, esos años transformados en días no dejan que las heridas sanen. Así, la caída parece inevitable, pues en busca de soluciones mágicas olvidamos los procesos, y error tras error perdemos toda esperanza de sobrevivir. Así somos, o así fuimos, personas con pocos destinos en mente; entre la vida y la muerte nos tambaleamos esperando caer en el lugar que más rápido nos reciba.
¿Sigues aquí?
Me miras con los ojos llorosos y te tiras en busca de un cálido abrazo. Tus palabras me devuelven cierta confianza. No te importa lo que fui, quieres estar aquí por lo que soy. Me descubriste, estoy sufriendo pero no tanto como antes. Me miraste, en medio de la calle decenas de personas nos separan, pero aún así me miraste. Me encontraste, la mancha más pequeña en el cuadro del pintor novato, aún así me encontraste. Me esperaste, sabiendo que mi vida era una moneda al aire, aún así me esperaste. Ni un monstruo sería capaz de dejarte fuera con tal esfuerzo, por eso te confieso mi verdadera historia.
Ya puedo caminar solo, pero voy despacio para ser precavido. Tengo miedo de tu cercanía, de tu actitud positiva, de tus palabras de apoyo. Es una responsabilidad que antes hubiera asumido por desesperación, y hoy me pregunto si es lo correcto, si soy capaz de hacerlo mejor, de convivir en paz con personas de buena voluntad. Es el terror de fallar lo que me hace retroceder, porque fui una persona rota, y más de uno se lastimó con mis escombros. ¿Cuánta oportunidad merezco? ¿Cuánto de mi quieres? Sé las respuestas pero me asustan, y odio asustarme con las películas de miedo. Prefiero ver comedias románticas, dramas reflexivos o hasta películas animadas. Allí donde el final es bonito, el problema se vuelve enseñanza y el protagonista toca fondo para salir adelante. ¿Puedo permitirme eso? O acaso debería haberme quedado en el pozo oscuro para que nadie más salga lastimado. La respuesta es obvia, pero no quiero decirla. Prefiero escucharte, tu conclusión final se une a mi percepción mas positiva, y llegamos a la idea de que todos merecemos otra oportunidad.
No puedes salvarme, pero puedes quedarte aquí. Invierte tu tiempo si te nace del corazón, pero no intentes ser todo para mí. Seamos buenos por separado, increíbles en conjunto. Seamos el impulso para saltar más, los brazos que sostienen una torpeza, las palabras que te levantan de la cama, el silencio que acompaña tu dolor, Un apoyo que todos deberían tener, que si me lo das voy a valorar, que si pierdo voy a extrañar, porque todo dolor es más tranquilo si se comparte. Intentaré aceptarlo, aceptar tu gran gesto, tu gran preocupación, tu gran persona; me volveré tan grande como tú, para decirte al oído que tu esfuerzo valió la pena, y que mañana va a ser un gran día.
Se volvió mi favorito!
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