Tu calor en invierno

Escribo esto con las manos congeladas, pues en el día más frío del año, extraño el calor de tus manos acariciando las mías; extraño tus piernas bajo las sábanas buscando enredarse con las mías, extraño tu suspiro congelado chocando contra mi rostro. Extraño tu calor en invierno, pues nunca había entendido la importancia de tu presencia en la ausencia de sol. Yo pensando que me había acostumbrado a las bajas temperaturas, y eras tu mi temperatura ideal. Yo pensando en mi estación favorita, pero ahora sin ti es la etapa más dura. El frío viento que entra cuando abro la puerta, me obliga a encerrarme en una habitación pequeña. Era nuestro lugar y ahora son paredes azules, solo existe una persona esperando desplomarse en la cama de hielo. La ropa que uso no me abriga como tu abrazo; ni la campera más grande, ni los guantes, ni las medias, ni los pantalones de invierno hacen el trabajo de tus besos, de tus caricias, de tu calor. Ni siquiera lo suave de la almohada puede simular un poco la comodidad de tu pecho, o los ruidos de lluvia imitar la calma de tu voz.

¿Recuerdas lo que fuimos? Amaba despertar con el olor a ti por las mañanas, abría los ojos y acariciaba tu espalda, tu cabello rozaba mi rostro y en un movimiento de recién despertada, me cubrías pidiéndome que me levante primero. Aunque fuera de casa las personas se congelaban, yo caminaba descalzo por nuestro hogar. Tu café favorito en la cocina indicaba el inicio de un nuevo día, verte salir por la puerta de nuestra habitación era como ver a la persona más linda del universo cruzando un portal a la tierra. Las risas que ahora son silencios, las vivencias que hoy son anécdotas, la vida que tuvimos se transformó en el recuerdo que me destruye, pues ya no forma parte de mí. Extraño cocinar contigo cuando siento el olor a comida casera. Extraño las caminatas tomados de la mano cuando me siento a mirar gente en una plaza. Te extraño cuando siento el perfume de mujer en una calle frecuente, quisiera que inundes mi ambiente de tu aroma invaluable, provocando por última vez ese deseo, ese cosquilleo, esos nervios. Quisiera arder como si tuviera fiebre por media hora y hacer valer cada minuto como si fuera un año. 

Finalmente, la noche cae y vuelvo a casa. Ordeno cena para uno y ni la termino, dejo algo por si recibo tu mensaje a las 3 de la mañana diciéndome "¿Estás despierto?". Estoy despierto desde que te fuiste, tengo miedo de dormir, si fuera verano me tiraría en el sillón para descansar, pero con grados en negativo resulta un suicidio. Antes de caer dormido en el escritorio, usaré lo que me resta de fuerza para tirarme encima de la frazada, me haré una bolita enrollándome como una oruga, esperando congelarme al día siguiente. Escribo esto porque quisiera dejarte un mensaje antes de dormir; me aferro al recuerdo del nosotros porque es lo único que me abraza en estos días duros. Me relajo entre los brazos de una tristeza profunda para sentirme mejor, y aunque no funciona, de alguna forma me lleva a ti. Te siento aquí, como el fantasma de mi casa, te acurrucas a mi lado y me dices que nunca te irás, pero nada es más falso que el choque de nuestros cuerpos en un invierno perdido. 

Por más que intente no puedo dejarte ir, quizá por eso te fuiste a iluminar otros caminos, te cansaste de verme chocar con postes de luz rotos en medio de una oscuridad molesta. Te cansaste de mí, estaba tan cómodo que me olvidé de caminar, y tú corrías tanto. A kilómetros de ti yo te seguía queriendo, a kilómetros de mí comenzaste a olvidarme. Nada puedo hacer, solo escribir en la noche más fría del año textos tristes que nunca llegarán a ti, cerrar los ojos y esperar que cuando despierte algún deseo de estrella fugaz se haya hecho realidad.

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