Personas finitas y momentos infinitos

 Por la madrugada sentí una molestia en el pecho, en un principio decidí ignorarlo, pero hace horas que el dolor sigue ahí. Acostado en la cama pensé en la muerte, pero ya no como un deseo de persona rota, sino más como un temor de persona viva. Tratando de evitar el sobre pensamiento que me lleve a un ataque de ansiedad, inicié mi reflexión hablando del tiempo.

La vida es un cambio constante y lo único que permanece es el tiempo, haciendo de las suyas con una crueldad injusta, pero también con una imaginación curiosa. Por suerte, sostiene una revancha latente, porque tarde o temprano se nos da otra oportunidad, Si estás feliz disfruta del momento, si estás triste aprende a llorar sin miedo; toda sonrisa se vuelve una memoria, toda lágrima se vuelve anécdota. Sé que quisieras vivir para siempre en el mejor momento de tu vida, atrapar ese minuto de felicidad y revivirlo siempre como un recuerdo perfecto. Sabes que no es posible, pero tampoco lo necesitas. Entiendo que no es fácil vivir en el confuso presente, atormentado por un futuro incierto y un pasado doloroso. Aferrarse a un recuerdo bonito es un recurso sencillo, pero triste, porque ese momento ya se fue como el año en diciembre, la única forma de volver a él es caminar hacia atrás y no quieres acostumbrarte a eso.

No voy a negar el poder de un abrazo, cuyo efecto sanador perdura durante solitarios años. Es imposible no extrañar el beso de quien pensabas era el amor de tu vida, todavía sientes un sabor similar cuando comes su comida favorita. Parece inevitable volver al ayer cuando cada experiencia nueva nos recuerda lo que perdimos. Todavía veo a mamá sonreír en la sala y me pregunto, ¿Por qué nada es igual? ¿Por qué el tiempo cometió el crimen de avanzar transformando ese rostro alegre en una cara larga con más preocupación que esperanza?  No podemos evitar que las cosas se rompan, se trata de un ciclo de vida y muerte que duele menos cuando nos preocupamos más por valorar lo que tenemos, recordar lo que tuvimos y estar dispuestos a seguir adelante.

Mis manos tiemblan cuando pienso en morir, quizá este dolor sea el último rastro de vida que me quede ¿Acaso puede el destino ser tan caprichoso de llevarme cuando finalmente aprendí a estar mejor? Sería una ironía enorme, que lo que busqué por tanto tiempo me llegue cuando ya no lo quiero. Traté de respirar despacio y profundo, un repetido intento por calmar el caos de mi mente. No es la primera vez que pasa y no será la última. Detrás de cada dolor se esconde una futura alegría, oculta en la muerte se encuentra la vida, y después de cada final surge un nuevo comienzo. Toqué fondo alguna vez y ahora es momento de construir, desde abajo, saliendo de un pozo al que alguna vez llamé hogar. Contaremos una historia increíble, porque será nuestra historia; temporalmente perfecta, eternamente humana. 

Con una carcajada sonora llego a la conclusión de que somos seres finitos en busca de momentos infinitos. Soñamos con alcanzarlos y así darle a nuestra vida un significado que de por si ya tiene, porque esos momentos no son inalcanzables. Se trata de cosas cercanas, como volver a casa, ser recibido con un beso en la mejilla y compartir el tiempo con un ser querido; decirle te quiero antes de ir a dormir y perderte entre pensamientos tan absurdos como profundos. Como decía, un dolor incómodo hizo de esta noche una odisea de extrañas ideas, pero estoy feliz, porque no moriré hoy. El mañana existe y aunque no dure para siempre, me basta para seguir buscando esos momentos, para seguir encontrándome y quizá perderme en alguien más, porque aunque no seamos eternos, hoy somos y para mi es más que suficiente. 

Comentarios

  1. ¡Sigue así, pun! Me cautivo como del desasosiego encontró la paz de tanto reflexionar. Sin duda, no hay que temer a la muerte, pues cuando tú eres, la muerte no es, y cuando la muerte es, tú no eres. Te amo pun ♥

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Una carta.

Mr. Blue.

2: Un gato entró a mi casa