El perro y el robot.
Puedes mirar al frente, si volteas me verás porque no me iré hasta verte llegar. Quizá pienses que me estás abandonando, o que yo por flojo no quiero caminar a tu lado. No es tan fácil como parece, caminamos a la par tanto tiempo que nos volvimos inseparables, pero te quiero tanto que jamás te pediría seguir mi ritmo. Desde aquí puedo verte perfectamente, juro que sonrío cada vez que das un paso, y espero que me veas cuando avance con mi paso de tortuga. Noto tu mirada preocupada, acostumbrado estabas a cuidarme como pequeño bonsái y resulté ser un triste cactus. Mi bienestar depende de mi mismo y no estoy orgulloso de mis resultados, pero sigo siendo el único responsable de no poder avanzar. Sin embargo, nada se queda en el mismo lugar toda la vida, y gracias a tu ayuda puedo decir que vale la pena seguir intentando.
Eras mi compañero de viaje, pero la ruta no es siempre la misma. Debemos aprender a separarnos, conocer otra gente, otros lugares, otros mundos donde no somos lo más importante. Pero jamás me iré, sigo aquí aunque no parezca, tan lejos que no puedes tocarme, tan cerca que puedes sentirme. Volveré a sostener tu cuerpo cuando estés por caerte, o darte el empujón que necesitabas en el día más esperado. Debes darle tiempo al tiempo, nos conocimos por una casualidad y desde entonces no dejamos de cuidarnos, ¿Por cuánto tiempo? Ya ni recuerdo la vida sin tu presencia, ya ni recuerdo el sonido sin tu voz, ya ni recuerdo el paisaje sin tu rostro... No puedes ser el centro de mi vida, pero debes entender que serlo no es tu tarea.
Suelta mi mano, porque nuestras almas están conectadas. No necesitas permanecer en el mismo lugar para verme crecer, mejor dejemos que nuestras raíces se expandan y encuentren nuevas tierras. Sé que parece cruel, por tu cabeza pasa el miedo de no verme nunca más, o perder esta conexión por el simple paso del tiempo. No temas al destino, porque lo que construimos nunca morirá, aún si todo es diferente al volver, nada destruirá nuestro edificio rodeado de recuerdos.
Desde que la primera vez que nos vimos, fuimos como el perro y el robot, transformando una realidad triste en un baile entusiasta. Girábamos por la plaza rodeados de personas desconocidas, pero en nuestro circulo infinito éramos amigos de toda la vida. Solo habían pasado horas, es el poder de una amistad sincera, potenciada por nuestra química instantánea. Las películas que vimos, los lugares que visitamos, las noches que nos quedamos dormidos, los días que se nos pasaron volando; nuestra historia, únicamente contada por nuestros ojos, fue tan buena que ni en cien años podría inventar una mejor.
No busques el problema, quizá no encajé con tus nuevos amigos, con tu nuevo entorno rodeado de éxito, quizá hayas olvidado mis mensajes o yo dejado en visto los tuyos; puede que hayamos olvidado la constancia cegados por la intensidad, y así descuidado todo lo que para nosotros era importante. Es normal, todo cambia y no somos la excepción, ahora nos vemos lejos y nos preguntamos si levantar la mirada. Yo lo haré, ¿Ves mi mano saludando? Pronto estaré cerca tuyo de nuevo, tomaremos un café y hablaremos de nuestras vidas, para conocernos de nuevo y descubrir lo que somos ahora.
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