El costo de quererte.

Desde que viví el día más feliz de mi vida, sabía que llegarían a cobrarme el día más triste. Ver ese anillo en tu dedo me hizo vivir en el cielo cada día de nuestra convivencia, sin embargo, tu cuerpo débil te haría caer y empezar nuestro descenso al peor de los infiernos. ¿Cómo vivir sabiendo que cada momento podría ser el último? Un contador que cuenta nuestras horas como un juego a contrarreloj, pero no puedo hacer nada para detenerlo. Nuestras paredes pintadas por nosotros se volvieron pasillos genéricos, personas de blanco nos dicen una y otra vez cosas obvias. Nos cansamos, nos agobiamos, son tan deprimentes los finales escritos. Me gustaría inventar un final propio para nosotros, más fiel a nuestra vida y no tan dramático como nuestro deceso. Un dolor en el pecho me detiene, no sé como seguir nuestra historia sin ti, me repetiste muchas veces que no vivirías para siempre y no quise creerlo. ¿Por qué no es eterno lo precioso? ¿Por qué tu enfermedad no se enferma de culpa de hacerte tanto mal? ¿Por qué no puedo arrancar esa maldita condena de muerte y quedármela para darte un poco más de tiempo?

Mis lágrimas se vuelven un tsunami y vivimos entre montañas, mis gritos son un concierto en pleno cementerio, mi dolor es tan intenso que abruma las habitaciones del hospital. Así de grande es el costo de quererte, así de seguro estoy de afrontar nuestro destino, porque conocerte significó más que un viaje por el mundo, más que nadar entre billetes, más que una horda de personas coreando mi nombre. Fue una decisión sencilla de consecuencia inexplicable, amarte por un tiempo sabiendo que el tiempo se acaba, besar tus labios sabiendo que podría ser la última vez, sostener tu cuerpo sabiendo que podrías perder la fuerza y dejar de pelear, tomar tu mano y sentir la poca sangre que corre por tus venas. Siento no poder darte ni una pizca de mi energía, sería capaz de endeudarme con mi cuerpo para sentir el calor de nuestros cuerpos una vez más. Sé que puedes ver lágrimas atrás de mi sonrisa, sé que puedes ver como me derrumbo mientras trato de mantener la compostura. Desde el inicio sabíamos que mi corazón se partiría en pedazos cuando el tuyo se apagara, pero bien sabes que prefiero juntar piezas rotas a vivir con el corazón en silencio.

Me dices que no soportaré el choque, estás preocupada, pero dame tiempo. Déjame lidiar con mi duelo prematuro. Me viste débil y así fui; aprendí a ser fuerte, o eso creo. Mi prueba de fuego será perderte, y después del salto al vacío que fue conocerte, cualquier reto se vuelve posible. Te amo tanto que me llenaré de tu recuerdo, transformando la melodía triste en una memoria feliz. Te quiero tanto que no permitiré que la tragedia me destruya más de lo natural, pieza por pieza volveré a ser yo, o una versión de mi que pueda seguir adelante. Te lo promete el hombre que hoy sonríe, y el que lo hará, lo hacemos en reemplazo del hombre que no puede levantarse del suelo. 

Este traje negro no me queda cómodo, no quiero mirarme al espejo si no apareces detrás mío, rodeándome con tus brazos. Escucho un cumplido que se siente real, siento un beso de amor verdadero. El lugar está lleno de gente y no escucho sus voces, no siento sus respiraciones. Levanto la mirada y la lluvia no me impide verte, son las nubes que lloran conmigo para que no me sienta solo. Cerraré el lugar con mi traje mojado, volveré a nuestra casa y me sentaré en el sillón de nuestro living. Si debo inventar un final será uno en el que nunca desaparezcas, te pediría que salvemos el mundo, pero ni siquiera pudimos sostener el nuestro. Fuimos derrotados, y está bien querida, la vida no se trata de victorias constantes. Gracias a ti gané una felicidad que no puedo describir en palabras, duró años que podría definir como la mejor etapa de mi vida, y si el costo de todo esto ahora es el más grande... ¿Cómo no voy a pagarlo? ¿Cómo podría seguir caminando con la culpa de no conocerte? ¿Cómo gastaría mi dinero, tocaría otras pieles, trabajaría en mi mismo? Nada de lo que pueda haber hecho reemplazaría un segundo de tu compañía. Por eso estoy feliz aunque lloro, por eso me alegra vivir aunque quiera cerrar los ojos contigo. Si debo inventar un final entonces... que sea este, el único que tendremos. Sostengo tu mano hoy, y aunque mañana no pueda, vivirás para siempre en el recuerdo de un hombre enamorado, golpeado, recuperado... humano con los pies en la tierra y la mirada en el cielo.


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