Pingüinos y galaxias.
Somos únicos en el mundo, aunque nos rodeen parejas similares. Ellos están tan seguros, disfrutando de un momento que se esforzarán en hacer durar. Se tocan, se sienten, se susurran palabras al oído y ríen cómplices, entrelazan sus dedos y chocan su piel, como dos mundos chocando y provocando una explosión conocida como amor. Pero el nuestro es más fuerte, toma más impulso porque tiene más distancia, y cuando choquemos provocaremos una luz tan grande que por minutos nadie podrá abrir los ojos, ese tiempo será nuestro porque aún sin mirarnos nos encontraremos. Eso se llama amor. Sé que a veces no lo parece porque nos sentimos diferentes, contrarios, enemigos en una película de acción. Pero si nos destruimos no habrá ganadores. porque no ganaré si la ambición me hace perderte y ganar una pose de victoria. Prefiero reinventar nuestras líneas, en vez de seguir leyendo destinos escritos podemos inventar caminos impredecibles. Volteemos el guion a nuestra conveniencia para garantizar nuestra suerte, seremos afortunados de seguir intentando hasta encontrar el argumento ideal para nuestra historia infinita.
La verdad es que no puedo dejar de pensar en ti, ni siquiera viendo documentales en la televisión. En la pantalla veo pingüinos caminando y nos veo caminando juntos, luego los veo separarse y nos imagino estirando los brazos intentando tocarnos con las puntas de los dedos, pero estamos a kilómetros de distancia. Ni siquiera deberíamos vernos, pero una imagen perfecta de tu rostro invade mis pupilas, y la imagen perfecta de tu cuerpo vive instalada en mi cabeza. Finalmente, imagino que somos pingüinos porque sobrevivimos al viaje, al frío, a la adversidad que se nos cruce para volver a vernos. Es un viaje largo que se transforma en un paso por la recompensa. Tu piel rozando la mía, es decir, una nube deshaciéndose por el vuelo de un pájaro que no sabe volar. Quisiera ser un pingüino para ser tu favorito, aquel que esperas aunque seas impaciente, aquel que quieres aunque se siembren dudas, aquel afortunado de extraño caminar, que sin importar lo que le cueste acabará llegando a ti.
Siento tu olor cuando huelo tu flor favorita, te veo bailando en mi cocina cuando te escucho cocinar cantando, siento que estás entre mis brazos cuando te sientes mal, y yo me siento entre los tuyos cuando las cosas empiezan a perder valor. Tú te mantienes como el oro, brillante con un valor constante, y no sé de quién sea el mérito, si mío por descubrir la increíble persona que eres, si tuyo por darme la chance de conocerte, o del destino por juntarnos en una casualidad que a estas alturas resulta un milagro. Con posibilidades infinitas, podemos llevar nuestro amor a diferentes galaxias, o a diferentes continentes, o a la misma casa en la que vivamos juntos. Quizá no estamos listos para esta conversación, lo más difícil de que este amor sea tan grande, es la carga que nos trae. Porque si para ellos fue difícil, para nosotros será el doble. Un sentimiento hermoso crece y enfrenta obstáculos aburridos y necesarios, difíciles de pasar o prevenir, pero los necesitamos para hacer que nuestras palabras se vuelvan hechos, y en vez de hablar sobre pingüinos y galaxias, pueda ir a darte nuestro primer beso, dormir a gusto en nuestra segunda noche, despertar con alegría en nuestro tercer amanecer, o sostener tu mano mirando el cuarto atardecer. Quiero que aunque los números pasen y durante cinco años escriba cosas mejores, nunca olvides mis primero párrafos incompletos, ellos nos definen porque sin inicio no hay desenlace, y sin esta etapa donde te extraño nunca existiría el abrazo que nos una para siempre.
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