La mantis.
Una mantis religiosa entró por la puerta de mi balcón, abierta para que entre el aire fresco de la noche. Tuve miedo, la criatura se posó tranquilamente en la pantalla de mi computadora, y me miró, moviendo sus manos como si quisiera decirme algo, su presencia casi humana me hizo sentir incómodo. Recordé los videos de bichos siendo decapitados y devorados por esta máquina asesina. "¿Seré la siguiente víctima?", pensé, pero ella siguió caminando. Traté de ahuyentarla, hacer que volara fuera y no sea un problema para mi, porque tampoco quería matarla, o morir en el intento. Volando recorrió la habitación, descansando en un sillón, en el tacho de basura y en la biblioteca. Tras observarla durante varios minutos me di cuenta que su presencia desafiante, era más bien un pedido de auxilio. Estaba desorientada, quizá el mismo miedo que yo le tuve, lo tenía al ver mi tamaño. Esperando su siguiente movimiento, me quedé dormido en la silla, y al despertar ya no estaba.
Llegué a la conclusión de que se trataba de un extraño sueño, el ataque de la mantis y la torpe persecución. Durante días imaginé la posibilidad de que se haya ocultado en algún lugar, tarde o temprano saldría y me atacaría, o me cortaría la cabeza mientras dormía. Eso no sucedió, pero la mantis volvió, ahora en una noche fría. Entró por la misma puerta, a una gran velocidad, se chocaba con las paredes como si no pudiera verlas. Finalmente, cayó rendida al suelo. La observé, y al notar mi presencia, se tiró rendida, como haciendo una reverencia, ¿Estaba pidiéndome ayuda? Y que podría yo hacer por un bicho desamparado. Toda su aura violenta, se transformó en tristeza al verla vencida, en el final, dando una última muestra de resistencia a la muerte.
Me partió el corazón. De inmediato busqué algo para transportarla, encontré una bolsa de algún pedido diario doblada y la tiré a su lado.
-Sube- Dije. -Sube, por favor, sube.
Como si escuchara mi insistencia, se subió a la bolsa con desconfianza. La levanté despacio, y mientras caminaba hacia el balcón, nos miramos fijamente. Noté una emoción conocida en sus ojos rojos, como si estuviera viéndome al espejo, ese dolor antes del final combinado con un pequeño alivio al saber que alguien está allí para acompañarte. Me sentí mal, porque aquella criatura solitaria no tenía nada más que la compasión de un humano aún más triste, pero creo que ninguno de los dos pudimos quejarnos. Nos vi perdidos, y durante largos minutos me quedé esperando a ver su siguiente movimiento. Cuándo decidió volar, dio unas vueltas en el aire y desapareció. Sonreí, aún le quedaban energías para seguir. Pero segundos después, rompí a llorar.
¿Saben por qué?
Ojalá esté bien, ojalá esté viva, y que siga luchando para sobrevivir. Aún temblando, aún sin fuerzas, aún teniendo seres gigantes en frente, aún así quiero que siga y entienda... que yo nunca podría haberla matado, porque le tenía miedo. Sin embargo, ahora la entiendo, y aunque no sirva de mucho quiero que siga volando hasta que llegue el día en que sus alas no puedan sostenerla, y su cuerpo llegué al límite que la vida nos impone.
Comentarios
Publicar un comentario