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Deseo conocerte

 Tiembla mi cuerpo al saber que vendrás, esperé mucho tiempo para conocerte, tanto que deseo hacerlo ahora y mi paciencia se agota en el último momento. Mi voz se desvanece mientras la tuya se quiebra, no sé que decir para convertir este momento en algo constante, para repetir esta situación mil veces. Ya escribí algo antes que hablaba de ti y ni siquiera te conocía; eso me desconcierta, es como si te hubiera buscado desde siempre. Ni siquiera te conocía y extrañaba conocerte, ahora vernos es posible y deseo conocerte, te pido como un deseo a las estrellas, pero todavía no llegas y me tiento a entristecerme. Lucho por sostenerme, lo hice toda la vida y pensé encontrar una estabilidad cómoda, sin embargo, todo se vuelve un caos cuando te pienso. Pienso en todas las cosas que podrían salir mal, también imagino nuestra vida perfecta y todo se ve irreal, las posibilidades de algo real son cada vez más cercanas y eso me aterra. ¿Estoy listo? Para tenerte frente a frente y cumplir todo a...

Ya no puedo escucharte nunca más.

"Hace meses que despierto pensando en su figura recién levantada, duermo pensando en que despertará tras un lindo sueño, y así duermo tranquilo. El sol espera tu despertar, porque le encanta escucharte levantarte malhumorada, la luna espera que cierres los ojos para salir porque no quiere que brilles más que ella. Tienen envidia, yo creo que eres hermosa como un atardecer, y la dueña de mis sueños sin preguntar, me queda agradecer, y despertar con tu voz dormida preguntando si dormí hoy... No querrás saberlo, pero soñé contigo y eso me permite sonreír, otro día esperando para volver a dormir escuchando los suspiros somnolientos de mi princesa" Eso fue lo último que te escribí, luego dejé mis manos quietas y cerré los ojos. Dónde quiera que estés pretendo volver a verte, en esta vida o en la siguiente, en este sueño o en el próximo; es algo incoherente porque por mas esfuerzo que haga, no estás aquí. Las noches perdieron gracia, prefiero hasta dormir, pero la energía en el día...

El costo de quererte.

Desde que viví el día más feliz de mi vida, sabía que llegarían a cobrarme el día más triste. Ver ese anillo en tu dedo me hizo vivir en el cielo cada día de nuestra convivencia, sin embargo, tu cuerpo débil te haría caer y empezar nuestro descenso al peor de los infiernos. ¿Cómo vivir sabiendo que cada momento podría ser el último? Un contador que cuenta nuestras horas como un juego a contrarreloj, pero no puedo hacer nada para detenerlo. Nuestras paredes pintadas por nosotros se volvieron pasillos genéricos, personas de blanco nos dicen una y otra vez cosas obvias. Nos cansamos, nos agobiamos, son tan deprimentes los finales escritos. Me gustaría inventar un final propio para nosotros, más fiel a nuestra vida y no tan dramático como nuestro deceso. Un dolor en el pecho me detiene, no sé como seguir nuestra historia sin ti, me repetiste muchas veces que no vivirías para siempre y no quise creerlo. ¿Por qué no es eterno lo precioso? ¿Por qué tu enfermedad no se enferma de culpa de hace...

Santiago.

Mientras los fuegos artificiales transforman un cielo despejado en una nube de pólvora, me encuentro en un círculo seguro. Los ruidos estruendosos no pueden lastimarme, y por primera vez en años, sonrío mientras el tiempo pasa. Esa sonrisa pícara que se distingue a las lágrimas de otros años, es producto de un cambio enorme. Si mi yo del año pasado me viera pensaría que perdí la cabeza, se tratan de dos personas distintas que convivieron en el mismo cuerpo, ahora distanciados por un corto periodo de tiempo que lo transformó todo. Ese fue Santiago, quien quiso morir un 25 de diciembre abrumado por la destrucción diaria de su mente. Esa noche, sufría de un dolor similar, pero aliviado por el consuelo del final, dejaba que pasen las horas mientras se ahogaba en alcohol simulando una nochebuena feliz. El Santiago que hoy escribe sueña con cosas que antes parecían imposibles, hoy solo lejanas y posibles. Pero aquella noche donde no existía futuro, el pasado viajó por mis ojos como un últim...

Tu cuerpo sobre el mío.

Los pasos apurados representan muy bien nuestro encuentro previo, cae la noche y no soportamos ni un segundo más sin intentar aquello que solo imaginamos. Tu vestido cae al suelo como una pluma, sin ningún peso. Mis manos recorren tu piel como un camino al cielo, mis labios bajan por tu estómago como un descenso al infierno, y siendo un ángel o un demonio, prefiero estar contigo a cualquier destino que dios o el diablo me propongan. Es nuestra cama un limbo del que no quiero salir, y no puedo aunque quiera porque estamos atrapados bajo sábanas de colores intensos, enredados como enredaderas cada noche para no perdernos en lo oscuro. Podríamos encender las luces para observarnos mejor, pero tu figura en la oscuridad es tan reconocible que no podría perderte. Eres un mapa que quiero trazar, un dibujo que quiero pintar, un conjunto de palabras indescriptibles que quiero dar sentido.  Tus pechos amortiguan mi caída lenta, mis brazos sostienen el paraíso de tus piernas, elevándote. Soy ...

En mil vidas te conocí.

Caminando por una playa en un día nublado, las probabilidades de encontrar a alguien son escasas. No debería estar aquí, a último momento desvié mi camino rutinario para seguir un destino escrito, porque cuando te vi, lejana caminando en dirección contraria a mí, entendí que debía encontrarte. Una fuerza externa me obligó a venir, quizá la misma que te guio hasta aquí. Tus cabellos dorados vuelan por el viento, te empujan hacia el otro lado pero continuas acercándote, casi distingo tu rostro y mi corazón palpita a gran velocidad. Es como si este encuentro casual, se hubiera repetido cientos de veces, como si ya te conociera y en otras vidas nuestro encuentro se situara en distintos lugares. En una calle transitada, en un bar por la noche, en un café por la mañana, en el lugar de trabajo o en nuestras vacaciones. Estando solos o tomados de la mano de alguien más, de cualquier forma nuestros ojos siempre se buscan, y encuentran una mirada que por mucho tiempo esperaban. Cruzamos caminos,...

El perro y el robot.

Puedes mirar al frente, si volteas me verás porque no me iré hasta verte llegar. Quizá pienses que me estás abandonando, o que yo por flojo no quiero caminar a tu lado. No es tan fácil como parece, caminamos a la par tanto tiempo que nos volvimos inseparables, pero te quiero tanto que jamás te pediría seguir mi ritmo. Desde aquí puedo verte perfectamente, juro que sonrío cada vez que das un paso, y espero que me veas cuando avance con mi paso de tortuga. Noto tu mirada preocupada, acostumbrado estabas a cuidarme como pequeño bonsái y resulté ser un triste cactus. Mi bienestar depende de mi mismo y no estoy orgulloso de mis resultados, pero sigo siendo el único responsable de no poder avanzar. Sin embargo, nada se queda en el mismo lugar toda la vida, y gracias a tu ayuda puedo decir que vale la pena seguir intentando.  Eras mi compañero de viaje, pero la ruta no es siempre la misma. Debemos aprender a separarnos, conocer otra gente, otros lugares, otros mundos donde no somos lo más...